July 24, 2003

LOS FANTASMAS DEL ROXY

Sepan aquellos que no estén al corriente,
que el Roxy, del que estoy hablando, fue
un cine de reestreno preferente
que iluminaba la plaza Lesseps.

Echaban NO-DO y dos películas de ésas
que tú detestas y me chiflan a mí,
llenas de amores imposibles y
pasiones desatadas y violentas.

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Villanos en cinemascope.
Hermosas damas y altivos
caballeros del Sur
tomaban té en el Roxy
cuando apagaban la luz

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Frankly, my dear, I don't give a damn

Era un típico local de medio pelo
como el Excelsior, como el Maryland,
al que a mi gusto le faltaba el gallinero,
con bancos de madera, oliendo a zotal.

No tuvo nunca el sabor del Selecto
ni la categoría del Kursaal
pero allí fue donde a Lauren Bacall
Humphrey Bogart le juró amor eterno

bigsleep2.jpg
Si me necesitas, silba

mirándose en sus ojos claros.
Y el patio de butacas
aplaudió con frenesí
en la penumbra del Roxy,
cuando ella dijo que sí.

Yo fui uno de los que lloraron
cuando anunciaron su demolición,
con un cartel de: "Núñez y Navarro,
próximamente en este salón".

En medio de una roja polvareda
el Roxy dió su última función,
y malherido como King-Kong
se desplomó la fachada en la acera.

Y en su lugar han instalado
la agencia número 33
del Banco Central.
Sobre las ruinas del Roxy
juega al palé el capital.

Pero de un tiempo acá, en el banco ocurren cosas
a las que nadie encuentra explicación.
Un vigilante nocturno asegura
que un trasatlántico atravesó el hall


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There may be trouble ahead. But while there's moonlight and music and love and romance, let's face the music and dance...

y en cubierta Fred Astaire y Ginger Rogers
se marcaban "El Continental".
Atravesó la puerta de cristal
y se perdió en dirección a Fontana.

Y como pólvora encendida
por Gracia y la Salud
está corriendo la voz
que los Fantasmas del Roxy
son algo más que un rumor.

Cuentan que al ver a Clark Gable en persona
en la cola de la ventanilla dos
con su sonrisa ladeada y socarrona,
una cajera se desparramó.

ClarkGable.jpg

Y que un oficial de primera, interino,
sorprendió al mismísimo Glenn Ford,
en el despacho del interventor,
abofeteando a una rubia platino.

Así no se espante, amigo,
si esperando el autobús
le pide fuego George Raft.
son los fantasmas del Roxy
que no descansan en paz.

JOAN MANUEL SERRAT


*Esto es por esa tenue melancolía que asalta al cinéfilo cada vez que una de aquellas estrellas de antaño deja este mundo y se borra un poco más aquella manera de vivir el cine, cuando era un mundo mítico de sueños y glamour, aunque detrás se hallasen las mismas miserias y el mismo dinero de los que ahora tanto nos dolemos...quién sabe si en cincuenta años el Hollywood que tanto execramos acabará mitificándose igualmente. Para Kate, para Gregory Peck.

Posted by xisca at July 24, 2003 2:50 AM
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